La RED MAG+S de Madrid organizó dos charlas para conmemorar el medio siglo del Decreto 4 de la Congregación General 32. El objetivo era poder conversar sobre algunos retos actuales de la Iglesia.
El 3 de marzo de 1975, la Compañía de Jesús celebró la Congregación General 32 (CG32) y ahí se formuló una misión que hoy, 50 años después, sigue resonando con fuerza «el servicio de la fe, del cual la promoción de la justicia constituye una exigencia absoluta», vinculando el encuentro con Dios con el compromiso con los más vulnerables.
En este contexto, la RED MAG+S Madrid organizó un espacio de reflexión y encuentro para jóvenes los pasados jueves 5 y 12 de febrero, con el objetivo de actualizar este binomio a los desafíos actuales.
¿Basta con ir a misa? La fe que mueve la justicia
La primera charla la realizó Javi Montes SJ, ingeniero y teólogo, con una trayectoria que ha estado vinculada siempre al sector social de la Compañía de Jesús en Canarias, Nador (Marruecos) y Bilbao. Actualmente, desarrolla su misión en el centro Loyolaetxea, conviviendo con presos en tercer grado y ejerciendo como capellán en la cárcel.
Comenzó remarcando la importancia de entender la fe desde tres pilares fundamentales: oración, comunidad y servicio. Destacó asimismo que «cuando hablamos de la Hora Santa y de la adoración al Cuerpo de Cristo, no podemos olvidar que ese “Cuerpo” tiene múltiples dimensiones». Adoramos el Santísimo Sacramento, pero también debemos reconocer el cuerpo sufriente en los pobres y el cuerpo comunitario que es la Iglesia.
Hizo referencia a la reciente encíclica del Papa Francisco, Dilexit Nos, en particular a los números 103, 110 y 120, para enfatizar que el Corazón de Jesús es la fuente de una Cáritas que va más allá de la simple beneficencia: es amor radical. «Dios tiene un amor preferente por los pobres, no porque sean mejores, sino porque son los hijos más necesitados». Esta es la razón por la que en cada parroquia siempre está Cáritas.
En su charla, Javi Montes entrelazó constantemente la teoría con su historia personal, encarnando así lo que estaba transmitiendo. Habló de la importancia de «poner nombre y apellido» a la exclusión, y de cómo este acto nos humaniza. Relató cómo, en su convivencia diaria con reclusos, descubre que Dios se revela en la alegría sencilla de quien ha perdido casi todo. Enfatizó que «la Iglesia es para los pobres y debe estar donde más se la necesita. Esa es la verdadera riqueza que Dios valora».
Concluyó invitando a los jóvenes a vivir y buscar encuentros reales que rompan los prejuicios de los discursos generales o ideologizados.
¿Qué dice la Iglesia sobre la inmigración?
La segunda charla fue de José Manuel Aparicio, Doctor en Teología, Investigador del Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones (IUEM) y Delegado de Laicos de la Archidiócesis de Madrid.
Desde el principio, hizo algunas aclaraciones para establecer el marco de la conversación. En primer lugar, dijo que él prefiere hablar de movilidad humana en lugar de inmigración, ya que esta última palabra conlleva muchos prejuicios injustos. En segundo lugar, reconoció la fuerte carga ideológica actual que etiqueta a las personas como «de izquierdas y de derechas» y que impide hacer una reflexión profunda desde el Evangelio. En tercer lugar, afirmó que, si bien la fe es una, puede conducir a diferentes opciones políticas. «Ningún partido puede identificarse plenamente con el Evangelio, porque todos contienen elementos contrarios a él», explicó. Por ejemplo, en ningún partido hay una defensa de la vida humana en todas sus fases, desde el inicio hasta su fin natural.
Ya entrando en materia, contó que al momento de acercarnos a ver lo que dice la Iglesia sobre cualquier tema, podemos acudir a distintas fuentes como es la Biblia, la DSI o los documentos de los santos Padres. Indicó también que el tema de las migraciones es un aspecto nuclear en nuestra fe, en contraposición con otros temas como la ecología o la inteligencia artificial que, si bien son importantes y hay que abordarlos, no son tan nucleares como lo es la movilidad humana.
Y esto se debe a que Dios se revela en la movilidad humana, es decir, no es sólo un problema ético sino un problema teológico; y nos recordaba que la historia de la salvación es, en esencia, una historia de movilidad. Desde Abraham hasta el propio Jesús, quien en el capítulo 25 de Mateo se identifica con el forastero: «Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, era inmigrante y me acogisteis».
También nos invitó a ver a los migrantes como «personas que saben más de Dios que nosotros», debido a que la incertidumbre del camino (el no saber si habrá comida o techo) abre al ser humano a confiar en Dios, mientras aquellos que estamos en asentamientos no nos vemos expuestos a esto. Es por ello por la Iglesia nos invita a hacer peregrinaciones, ya que éstas dan herramientas para entender quién eres tú y te facilita el abrirte a la trascendencia. Y en ese contexto señaló la importancia que tiene la hospitalidad, de que la «la fe no se puede vivir sin hospitalidad».
También comentó cómo es sumamente difícil vivir el Evangelio en la sociedad actual, donde la realización personal y la felicidad se vinculan al bienestar y al consumo asociado a ese bienestar. El mensaje del Evangelio, resumido en las bienaventuranzas, «no renta» a los ojos del mundo. Pero, sin embargo, constituye nuestra guía hacia la verdadera felicidad.
Luego enumeró algunos principios que tiene la Iglesia en materia de movilidad humana:
- Todas las personas tienen derecho a no tener que migrar.
- No existe un derecho humano a la migración.
- Todo migrante tiene un compromiso con su país de origen. El Estado invierte en cada uno de nosotros.
- Un país tiene derecho a rechazar migrantes si aduce que es inviable para él soportar ese flujo migratorio.
Para finalizar señaló que la Iglesia, en estos aspectos como en otros, ofrece un sistema de contradicciones y valores para que cada uno, tras un discernimiento comunitario, tome una decisión personal.
Estas dos charlas han servido para recordar que los 50 años del binomio Fe-Justicia no es algo del pasado, sino una hoja de ruta para el presente. La RED MAG+S sigue impulsando a los jóvenes a salir de la comodidad para encontrar el rostro de Cristo en las necesidades de nuestra sociedad.





