José María Rodríguez Olaizola presenta en Maldonado ‘Bailar con Dios’


El pasado 13 de octubre, José María Rodríguez Olaizola SJ presentó su nuevo libro ‘Bailar con Dios’ (Sal Terrae) en la parroquia de San Francisco de Borja (Maldonado, 1). Este título, aunque su lectura es completamente independiente, viene a completar la trilogía de la que también forman parte ‘Bailar con la soledad’ y ‘Bailar con el tiempo’.

Rodríguez Olaizola presentó su nuevo trabajo frente a un público conocido; los fieles a los que había acompañado durante ocho años en Madrid, antes de su último destino. Durante el encuentro, el autor de ‘Bailar con Dios’ invito a los asistentes a descubrir los ecos del Evangelio en las experiencias más universales del ser humano: El amor, la fragilidad, la búsqueda de sentido, la vida en comunidad, la presencia de Dios y el sufrimiento, como las seis dimensiones fundamentales en las que, según el autor, resuena esa Buena Noticia.

Pero la propuesta va más allá de aprender a escuchar. El Evangelio es también una danza que invita a entrar en relación con Dios y con los demás.

Para Olaizola, la relación con Dios adquiere diferentes expresiones. Con el Padre, la danza se construye desde la confianza, la alabanza y la escucha; también en medio del silencio. Con Jesucristo, se convierte en seguimiento: conocer su vida, dejarse atraer por su manera de actuar y tratar de vivir como Él. Con el Espíritu Santo, el baile consiste en reconocer una presencia interior que acompaña, inspira y sostiene.

Esa misma danza continúa en las relaciones humanas. El prójimo enseña a servir, pero también a reconocer la propia necesidad de ayuda. La amistad exige confianza y capacidad para mostrarse vulnerable y frágil. La familia y la pareja invitan a cultivar la fidelidad, la paciencia, el perdón y la ternura. Y la comunidad cristiana ofrece un espacio donde la fe se convierte en experiencia compartida.

En esta manera de entender el Evangelio, la práctica religiosa ocupa también un lugar central. Los sacramentos, las celebraciones y la Eucaristía se presentan como oportunidades para escuchar la profundidad de esa música, más allá de la rutina, y dejar que transforme la propia existencia.

La reflexión de Olaizola desemboca en una última invitación: cada persona está llamada a hacer su propia versión del Evangelio. Como sucede con una canción interpretada por diferentes voces, la Buena Noticia puede expresarse de múltiples maneras sin perder su esencia. Se hace visible cuando alguien perdona, acoge al diferente, se compromete con la justicia, acompaña el sufrimiento ajeno o se niega a alimentar el odio.


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