Presencia de la Compañía en el COP25

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“Hacia una ecología integral” ha sido el título del diálogo organizado por el movimiento “Católicos por el Clima” en el Aula Pablo VI. Todo esto en el marco de la COP25 celebrado a principios del mes de diciembre en Madrid.
En este diálogo, ha participado Jaime Tatay, SJ, experto en ecología y profesor de la Universidad Pontificia Comillas, junto a Eduardo Agosta, carmelita e investigador en variabilidad climática.
“Ofrecemos una esperanza lúcida, que no es ingenua ni cae en la parálisis del catastrofismo. De esto ha pecado el movimiento ecologista”, ha comenzado Jaime. Poner el énfasis en los problemas no es una buena solución, opina Jaime, que propone un activismo basado en las propuestas de solución. “Aquí es donde las confesiones religiosas podemos aportar mucho. Aportando esperanzas”.
Laudato Si es una carta pastoral, y como tal hay que leerla. Está escrita como un pastor. Francisco nos recuerda que somos capaces de pensar soluciones”, ha dicho Eduardo. Por su parte, Jaime incide en que la ecología es una cuestión antropológica, no solo técnica, que nos invita a volver a nuestras raíces.
Lo que se plantea en la encíclica es que recuperemos nuestro ser humano desde un punto de vista menos materialista. Un punto de interconexión entre lo espiritual y lo natural. A los creyentes nos preocupa el futuro, vivir sencillamente… “esta es una oportunidad magnífica para el ecumenismo”, comentaba Jaime: “la COP25 es un lugar estupendo para el diálogo con otras religiones”.

En la última mesa redonda de la mañana, ha participado Irene Ortega, coordinadora del Área de Ciudadanía de Entreculturas. En el marco del diálogo “La educación, motor del cambio social”, junto con Luis Aranguren, doctor en Filosofía y asesor de Escuelas Católicas y Javier Benayas, catedrático de Ecología de la UAM y miembro del consejo asesor de la Red Española de Desarrollo Sostenible. Irene ha comentado lo mucho que se están implicando los jóvenes y adolescentes en la acción
“El derecho a la educación es lo que ayuda a transformar el paradigma ecológico y a los más vulnerables a vivir mejor”, ha dicho Irene. La educación, defiende Irene, es un derecho a nivel global que no necesita de los mismos requerimientos en todos los contextos.
“Los jóvenes tienen que ser protagonistas del cambio”, continuaba Irene. Si se les da la oportunidad, según la experiencia de la coordinadora de Entreculturas, es que los propios jóvenes son quienes aportan soluciones y concienciación a su entorno: en su familia, en su centro educativo, etc. “Tenemos que estar abiertos a reconocer que las personas jóvenes son las que nos educan a nosotros”.
Irene ha advertido sobre las dificultades que suponen un cambio de mentalidad muy grande que suponen una enorme pedagogía y acompañamiento. Y propone a los jóvenes que vayan al campo, pasen ratos allí con su familia y luego se pregunten qué ocurriría si todo eso despareciese…
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