Nuevos tiempos, nuevas formas en Pueblos Unidos y Padre Rubio

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Los centros sociales de la Compañía de Jesús en Madrid también se vuelven a poner en marcha. Aunque, en realidad, no han parado hasta ahora. Desde que se decretó el Estado de Alarma, la Fundación San Juan del Castillo no ha cesado de atender a las personas migrantes y refugiadas que requieren acompañamiento y orientación social, jurídica o laboral  o bien que se alojan en sus proyectos de Hospitalidad. Ha sido una labor ingente.
Para centros como Pueblos Unidos o Padre Rubio, en que la presencialidad se antoja como algo imprescindible, las nuevas circunstancias impuestas por el coronavirus han sido un golpe inesperado. “Hemos tenido que aprender nuevas formas de trabajo. La situación ha supuesto un enorme desgaste, pero también muchos aprendizajes”, nos explica Iván Lendrino, director ejecutivo de la Fundación.
El trabajo se ha multiplicado, y las consecuencias de la crisis económica, adjunta a la crisis sanitaria, no se ha hecho esperar. La situación de las personas migrantes se ha agravado drásticamente en estos meses. “Esto se ha vivido especialmente en las condiciones para acceder a alimentación. Nosotros no somos un centro de reparto de alimentos, hay recursos muy valiosos de este tipo que se han activado gracias a la solidaridad de la gente, pero hemos hecho un esfuerzo para mapear los recursos de reparto de alimentos de la ciudad de Madrid y poder informar a todos los que lo necesitan.”
 Y no solo información de subsistencia, San Juan del Castillo ha dedicado ingentes esfuerzos para explicar las normativas e información jurídica a las personas que han preguntado por ello: “La puerta de la integración son los papeles, lo residencial y el trabajo.”, asegura Iván.
Además de la habitual atención, los centros sociales Pueblos Unidos, en Ventilla y Padre Rubio, en el barrio de Salamanca, han tenido que adaptar sus servicios a las situaciones sanitarias. “Alguna de las medidas que hemos tomado para ello son que la petición de citas se realiza mediante formularios de internet rellenados desde casa, desde el móvil, o en el propio centro”, explica Macarena Úbeda, coordinadora del Área de Acogida de la Fundación.
“La mejor forma de acompañar las situaciones de vulnerabilidad es presencialmente”, reflexiona Iván, aunque es consciente de que esto tiene que ser modificado por las circunstancias sanitarias. Para poder seguir asistiendo a las personas de manera presencial, el centro Padre Rubio ha adaptado su actividad. Jesús Rodríguez es Responsable de las actividades de Acogida y Formación en el Centro Padre Rubio: “Se ha reducido el aforo a 5 personas por curso”, explica, “y tras reflexionar junto al voluntariado, se renueva la apuesta por la acogida y orientación inicial y por los cursos de formación para perfiles más vulnerables en el centro”.
También han tenido que adaptar la metodología de los cursos. En el de cocina, por ejemplo, se ha pasado a una exposición más teórica, que permite disminuir la manipulación de los alimentos y utensilios de cocina. “A su vez, dado la reducción de personas, planteará un seguimiento (tutoría) individualizada para reforzar e incidir en los aspectos que requiera la persona”, detalla Jesús. Esta es la manera de favorecer la formación a distancia, permitiendo y poniendo las herramientas posibles para acompañar desde lo individual.
Entre las distintas medidas, Macarena nos explica que se ha abierto en la web de la fundación un espacio con los recursos sociales, jurídicos y de empleo de libre consulta “que iremos actualizando semanalmente”, puntualiza. “Durante el confinamiento abrimos virtualmente nuestra puerta atendiendo telefónicamente a las personas, labor con la que continuamos puesto que de esta manera evitamos exponer a la persona a un posible contagio o al gasto de transporte que le supondría venir al centro de manera presencial.”
La Fundación San Juan del Castillo necesariamente se relaciona con la Administración Pública de manera regular. Para Iván, las normativas aprobadas estos meses de pandemia (acerca de los menores no acompañados, la integración de migrantes, etc.), no han sido suficientemente desarrolladas. En su opinión, las normativas están llegando tarde: “miramos hacia otro lado en un problema que ya teníamos”.
La respuesta de la sociedad civil tampoco se ha hecho esperar: “gracias a las personas voluntarias podemos llegar a muchas personas. Muchos están deseando correr el riesgo de salir a la calle, venir y echar una mano”. En los centros controlamos los riesgos gracias a protocolos y procesos que minimizan los riesgos”. También hay que cuidar al voluntariado: “a los que tienen más dificultades les decimos que no se preocupen, que se queden en la retaguardia y que volverán cuando puedan”.
Durante los meses de confinamiento, Pueblos Unidos ha atendido de manera telemática casi 600 llamadas de personas buscando algún tipo de ayuda o apoyo. De ellas, tres cuartas partes han sido derivadas a recursos acorde a sus necesidades.
En cualquier caso, los centros de la Fundación San Juan del Castillo ya están abiertos y a pleno ritmo. Guardando los protocolos y recomendaciones sanitarias, el centro Padre Rubio y el Centro Pueblos Unidos van a seguir atendiendo a las personas migrantes en Madrid.
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