Mujeres en la Frontera: Helena Maleno en Casa San Ignacio

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Si hay una persona involucrada en la vida de los migrantes, es Helena Maleno. Una mujer que lleva 18 años viviendo en la Frontera Sur de España. Dedicada a tiempo completo a empoderar a las personas migrantes en su proceso de migración.
Casa San Ignacio ha acogido esta semana, de la mano del Instituto Universitario de Migraciones de la Universidad Pontificia Comillas, el Servicio Jesuita a Migrantes y la ONG Pueblos Unidos la conferencia “Mujeres en la Frontera”. En este espacio del barrio Ventilla, la activista ha dado algunas claves que pueden ayudar a visibilizar una realidad muchas veces escondida en los procesos migratorios: las mujeres.
“Soy una mujer traspasada por la frontera”, ha comenzado Maleno, “y no estoy en la cárcel por esa red de solidaridad de la que muchos formamos parte”. Maleno vive con agradecimiento y responsabilidad su papel como acompañante de las personas que se encuentran al otro lado de las vallas.
La invisibilización es la primera etapa por la que pasan las mujeres en las situaciones de frontera. Y, una vez rota esa barrera, solo entran al
debate público como víctimas. Esto, denuncia Maleno, da lugar a unas “políticas de la compasión” que “no ponen en el centro los Derechos Humanos ni a las mujeres”.
La memoria es una de las principales armas para que el relato de la realidad en la frontera sea verídico y humano. Un relato que construyen también muchas mujeres: “todas esas madres que hacen memoria de las muertes y desapariciones”, decía Maleno.
Las rutas migratorias son difíciles y peligrosas, y ponen en riesgo la resistencia e, incluso, la vida de las personas que las recorren. Las mujeres son especialmente vulnerables en estos contextos, la violencia generalizada y, más concretamente, la violencia sexual contra ellas está más que normalizada. Incluso por las propias mujeres. Muchas de ellas, incluso, llegan a contraer matrimonios durante el trayecto porque, como explica Helena Maleno: “es preferible sufrir violencia sexual por uno solo, que por todos”.
Maleno ha denunciado también que hay industrias, incluso empresas concretas, enriqueciéndose de la situación en la Frontera Sur y de la crisis migratoria que sufren millones de personas en el mundo. Las dos principales industrias son la de la guerra y la que Maleno ha llamado “industria criminal”, que va más allá de las mafias concretas, sino que supone un entramado completo en connivencia con muchos estados, incluidos los occidentales.
Unido a esto, la externalización de las fronteras se convierte así, en un modo de cooperar con el sufrimiento de las personas que migran: “A la Unión Europea no le interesa la defensa de los Derechos Humanos, sino una neocolonización que busca que los países del sur hagan el trabajo sucio”.
La charla ha finalizado con la narración de algunas experiencias concretas de mujeres que, en la frontera, resisten y buscan su camino para conseguir una vida, al menos, con menos sufrimiento.
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