Maldonado baila con la soledad y con el tiempo

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Dos llenos hasta la bandera. Así podemos resumir el éxito que han tenido las charlas que los días 11 y 12 de febrero han tenido lugar en Jesuitas Maldonado. La numerosa afluencia del primer día –llenando la sala Borja, con capacidad para 250 asistentes-, en el que muchos de ellos tuvieron que sentarse en el suelo o quedarse de pie, hicieron que la organización optase en la segunda sesión por la Sala Arrupe, con aforo para casi 400 personas.
Bajo el título “Bailar con la soledad y con el tiempo”, el jesuita José María Rodríguez Olaizola ha invitado a la reflexión a todo el que quiso acercarse.
 
La primera de ellas, “Bailar con la soledad”, comenzó con dos premisas: nadie es una isla, pero, a la vez, hay en cada uno de nosotros, un punto de soledad que nos atraviesa. Citando un antiguo artículo suyo (Archipiélago Humano), Olaizola, hablaba de esa tensión que existe de “moverse entre la soledad y el abrazo, entre la distancia y el encuentro, entre la diferencia y la unidad”.
También explicó que a lo largo de la vida, existen tres heridas que son comunes a todos, aunque cada uno la explicite en su recorrido personal: la herida del amor, la herida de la muerte y la herida de la fe.
Y ante estas heridas, algunos tipos de soledad distintos: la soledad de los espejos, la soledad del fracaso, la soledad de Pedro ante Jesús o la soledad ante el silencio de Dios. Además, el jesuita afirmaba con rotundidad que “todos necesitamos alguien que acaricie nuestras cicatrices. No podemos exigir a nadie que lo haga con las nuestras, pero sí podemos ofrecernos a hacerlo con las de los otros”.
El martes, el nombre de la conferencia fue “Hacerse adulto: mitos y realidad”, que comenzó con la premisa de que “no es lo mismo hacerse mayor que hacerse adulto”. La disertación tuvo como punto de partida una reflexión sobre el miedo, el cual, siendo una realidad en todas las vidas, no podemos dejar que se convierta “en un obstáculo tan grande que te impida avanzar”.
A lo largo de la conferencia, se fueron intercalando testimonios de personas que, leídos por Olaizola, escribían una carta a su yo de hace 10 años. “Cuando toquen momentos duros no intentes taparlos, esos momentos son de los que más he aprendido, ocultártelos (incluso a ti mismo) no te hace bien”, escribe Juan Carlos, un profesional de 30 años.
Terminaba la conferencia con la lectura del poema-oración “Algún día bailarás con el tiempo”, en el que el pasado se presenta como enseñanza y camino, el presente como reto y el futuro como posibilidad. Y, frente a ellos, Dios como Señor del tiempo y música para vivirlo.
 

Algún día bailarás con el tiempo

Convertirás el ayer en escuela.
Tu equipaje
lleva nombres amados,
victorias, derrotas,
heridas y cicatrices,
aromas familiares,
lugares por los que viajar,
de recuerdo en recuerdo.
La música del pasado es la memoria.
Bailarás con el presente,
agenda, prisa, obligaciones, ruido...
a veces con paz y otras inquieto,
algunos días tu sonrisa tranquila
contagiará a quien te vea.
Otros, tu preocupación se hará
paso vacilante.
Pero tú baila,
no cejes en el intento.
Ahora es el momento
de tomar la vida en serio.
También el futuro te espera
lleno de posibilidades
y caminos por recorrer.
Allí aguardan rostros
que aún no intuyes,
nuevas encrucijadas,
batallas pendientes,
y motivos para la alegría.
La esperanza, esa es su música.
¿Y Dios?
Dios es señor del tiempo.
Compañero de tu historia.
Pareja en la danza.
Creador de la música de dentro.
Es la hora.
Que empiece el baile.

José María Rodríguez Olaizola

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