La Compañía de Jesús fue clave en la reciente historia de la Iglesia y de la vida religiosa

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La Compañía de Jesús aplicó con seriedad el Concilio Vaticano II y esto le ha hecho ser «una de las familias religiosas que está en el siglo XXI; la idea del futuro, de superar el presente, es verdaderamente la tensión que vive la espiritualidad de los jesuitas y es un camino complicado». El historiador Gianni La Bella extrae esta conclusión tras su estudio pormenorizado de los últimos cincuenta años de vida de la congregación que plasma en el volumen “Los Jesuitas. Del Vaticano II al papa Francisco” (Mensajero). El libro, en su edición española, impulsada por el ya fallecido Urbano Valero SJ, fue presentado ayer en Madrid en Jesuitas Maldonado, con la presencia del autor, el director editorial del Grupo de Comunicación Loyola, Ramón Alfonso Díez y de Elías Royón SJ, quien fuera consejero general del P. Kolvenbach, en un coloquio moderado por José Beltrán, director de la revista Vida Nueva.
La presentación ahondó en los rasgos de los tres generales del postconcilio, Arrupe, Kolvenbach y Adolfo Nicolás y en sus aportaciones a la Compañía de Jesús y a la Iglesia, y de manera especial su importante papel para la vida religiosa. Además, el coloquio no evitó profundizar en cuestiones polémicas de la historia de la Compañía y en algunas controversias desconocidas hasta hoy.
Este es un libro de historia, no de ideología ni apologética de los jesuitas. Así lo explicó el autor, que decidió escribirlo por su experiencia personal de amistad y veneración por el P. Arrupe, -ahora mismo es perito histórico de su proceso de beatificación-. Y también por su convencimiento que la Compañía de Jesús es un caleidoscopio donde se pueden mirar los grandes temas de la historia de la Iglesia: fe-política, laicos, compromiso por la justicia, medio ambiente, evangelización, la renovación de la vida religiosa…
«Los jesuitas son un bosque muy complicado» para este historiador y el P. Arrupe le ayudó a entender su gramática: «La Compañía de Jesús no es una suma de hombres, sino un cuerpo apostólico. Sería una internacional, una comunidad sin frontera y sin muros, que vive su unidad profunda de relación, de compromiso personal (…) no están unidos por una ley canónica sino por una gramática interior muy profunda», explica.
El volumen habla de una “tercera Compañía” -la segunda sería la surgida tras la Restauración (1814)- que nace en el postconcilio. Para La Bella «Ninguna familia religiosa, ni la iglesia católica ha vivido un proceso tan profundo de metamorfosis. Antes del concilio tenía una cara y hoy, podemos decir que es la misma Compañía pero muy distinta, más que renovada, para mí refundada”. Esa refundación, dirigida por los generales Arrupe, Kolvenbach y Nicolás la resume el autor en la expresión que atribuye a los jesuitas el ser “hombres de frontera”.  
En palabras de Elías Royón los tres generales protagonistas de esta refundación tienen en común la identidad misionera que viene marcada por el origen de sus destinos (Líbano, Japón). De manera más particular y sintética, Arrupe es para Royón «un místico en la acción», disponible siempre para acoger y cumplir, un líder espiritual y apostólico a la vez. Un hombre de visiones planetarias, donde «no hay dicotomías sino una integración del amor de Dios y al prójimo (…) de evangelización y promoción humana…» Siguiendo la frase que le aplicó el p. Kolvenbach fue un «profeta de la renovación conciliar» que abrió a la Compañía a mirar al mundo de la injusticia y de la increencia, pero que como todo profeta no siempre fue bien interpretado.
Por su parte, Kolvenbach es definido por quien fuera uno de sus asistentes como “un sabio ignaciano y un maestro”, no por la amplitud de sus conocimientos sino por cómo saboreaba la espiritualidad ignaciana, que hizo sentir y gustar a los jesuitas y le sirvió para tejer la unión de ánimos que necesitaba internamente la Compañía en ese momento. Su liderazgo, ligado a su magisterio, mostró a los jesuitas un camino siempre lleno de esperanza, que había que transitar, en discernimiento con la Iglesia, bajo el romano pontífice. Por último, de Adolfo Nicolás, Elías Royón destacó que no dejó nunca de ser un misionero del Extremo Oriente, siempre preocupado por el dialogo con las grandes religiones. Para él, las dos características de su gobierno fueron impulsar a la Compañía a la universalidad de la Misión -ligada a la exigencia de la disponibilidad para ser enviados- y la excelencia en la formación.
El debate resaltó también la labor de inculturación de la Compañía, de profundizar en la vinculación entre evangelización y cultura y de la aplicación del decreto cuarto de la CG32 que promueve la Fe vinculada a la Justicia. Desde una visión que contempla la Misión siempre en continua adaptación, y que conllevará consecuencias dolorosas expresadas en los 80 mártires que han muerto por la aplicación de ese binomio que en la Congregación General 35 (2008) es enriquecido con la idea central de la Reconciliación.

Carisma fundacional y renovación

En el libro queda patente la estrecha relación entre la Compañía y el Concilio Vaticano II. Partiendo de que 52 expertos del mismo fueron jesuitas, para el autor, «la historia desde el Concilio hasta hoy es una historia donde esta armada [la Compañía] se pone en movimiento, (…) cambia la formación (…) surgen las experiencias de pequeñas comunidades en barrios pobres y en la formación de los novicios… » El Concilio indica a la vida consagrada que regrese a su carisma fundacional y desde ahí se renueve. El volumen resume desde esta perspectiva los 16 años de gobierno de Arrupe que son una respuesta a esa llamada para resolver la tensión entre el retorno a las fuentes y la adaptación a los nuevos tiempos. Lo que años más tarde el P. Kolvenbach sintetizara en la expresión “fidelidad creativa”
En cuanto al presente se explicitó que la Compañía está en un momento de mucha escucha y discernimiento, con humildad y espíritu sereno, de escucha atenta al papa Francisco, al que quiere secundar y ayudar, porque es su vocación, no porque sea jesuita.  
En el acto se rindió un homenaje al jesuita español Urbano Valero, que presenta esta edición española y que sirvió a la Compañía en numerosos cargos de gobierno. El libro será traducido en breve al francés y están ya programadas las traducciones al polaco y al inglés.
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