El Centro Padre Rubio celebra la navidad. Entrevista a Teresa, voluntaria del centro

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La mañana del 12 de diciembre, el Centro Santo Padre Rubio para acogida de inmigrantes ha celebrado la Eucaristía de Navidad. La celebración la ha presidido el superior de Jesuitas Maldonado, donde se sitúa dicho centro: José María Rodríguez Olaizola, SJ. Se celebró la fiesta de la Virgen de Guadalupe, por ser una advocación cercana a muchos de los usuarios y usuarias del centro, debido a su procedencia latinoamericana.
Durante la homilía, el jesuita ha tratado tres puntos relacionados con el Magníficat: el primero, ha sido una relfexión sobre la importancia de esta oración. Según Olaizola, «el magníficat dice más por lo que refleja de lo que fue la vida de María». El segundo punto que trató fue la afirmación del magníficat: «las generaciones te llamarán feliz». Para el jesuita, la felicidad es algo más profundo que lo que la sociedad de consumo presenta: «la Navidad es, precisamente, para el que sufre. Cuando deseamos feliz Navidad, es para recordarles que hay esperanza».
El último punto en que se centró fue en el encuentro de Isabel con María. Una invitación a salir al encuentro del otro «como hacéis vosotros aquí», les animó.
Además, como gesto durante las ofrendas, se presentaron dos símbolos: un calendario que «simboliza el paso del tiempo. Vivimos tiempos de cambios», reflexionaba Iván Lendrino, director del centro; y una vela «que simboliza el acompañamiento que os voluntarios realizan con las personas que vienen al centro», decía Jesús Rodríguez, responsable de acogida.

 

ENTREVISTA

En el marco de este encuentro, hemos podido hablar con Teresa. Teresa es voluntaria desde hace cinco años. Teresa comenzó en el ropero «como decía Jaime [Álvarez Ribalaygua, SJ, anterior director del centro], el noviciado», recuerda divertida. Luego ha pasado por acogida «que somos casi la primera persona que ven en el centro» y, apunta, a veces también la primera a la que piden ayuda al llegar al país.
  • ¿Qué haces en Padre Rubio?
Estoy en acogida. Somos la primera presentación del centro. Hacemos una entrevista en la que preguntamos sus datos más importantes para intentar detectar sus necesidades: si tienen papeles, el tiempo que llevan en España, etc. En los últimos años está viniendo mucha gente que es de «primera acogida». Lo que ves en la tele tiene su reflejo aquí: viene mucha gente de Venezuela, de Honduras…
También les asesoramos en temas como el alquiler. Normalmente, un migrante cuando llega vive en una habitación, en el mejor de los casos solo, y otras compartida. Les preguntamos cuánto pagan de alquiler y les informamos sobre si el precio que pagan está bien, etc.
Les presentamos lo que ofrece el centro: asistencia legal, ayuda de ropero, ayuda especial: psicólogos, acompañamiento espiritual si son católicos y si son de otras confesiones les indicamos dónde se reúnen sus comunidades.
  • Háblanos de tu experiencia personal
Yo vine aquí porque mi situación personal me permite dedicarle tiempo. No vine aquí por una especial sensibilidad con los migrantes. Me recomendaron ir al Centro Padre Rubio y me pareció una cosa bonita. Me gusta mucho porque lo veo como uno de los grandes retos como sociedad. Siempre ha habido refugiados, en realidad, pero yo llegué justo con la gran crisis de refugiados de 2015, que salía en los medios.
Cuando más veo, veo que esto es riqueza y esperanza. Si hacemos un poco más por integrar, entender y acoger, es todo bueno. Es un tema que aparece constantemente en los medios, pero mal explicado y que asusta a las personas, pero hay que tocar esta realidad.
  • ¿Por qué te parece importante esta labor de la Compañía de Jesús con los migrantes?
La Iglesia siempre ha acogido al forastero y ha sido migrante y perseguida. Jesús, José y María se fueron a Egipto. La Iglesia siempre ha hecho por ser universal. Me parece que la idea de ir a las fronteras, que nos manden a cualquier sitio y de inculturarnos es muy propio de la Compañía. Ya desde el inicio: Francisco Javier es patrono de las misiones. Está muy dentro.
  • Proliferan últimamente muchos discursos de odio y miedo contra la migración y contra los migrantes, ¿qué le dirías a la gente que tiene miedo de los migrantes?
Yo entiendo los discursos. Y me da rabia que, a veces, los que hemos tenido la suerte de conocer la realidad más de cerca, nos ponemos estupendos: «los demás no nos entienden», «qué malos son los demás»…
La migración es un tema que se utiliza para agitar avisperos. Como es un tema que realmente en España no es un problema, pues se habla de ello para encender a la gente pero se evitan los temas que también encienden pero son más difíciles. Se utiliza como forma de tener a la gente entretenida.
Yo entiendo que la gente tenga miedo, porque no es una realidad que conocen. Como pasa con otras muchas cosas. Vivimos por impulsos.
La labor de la Iglesia y de quienes trabajan con migrantes y refugiados es explicar la verdad. Y la verdad con datos, que aunque algunos no se creen los datos, porque los discursos van mucho a las tripas, pues es una pequeña gota. Hay que explicar toda la riqueza que tiene la acogida para la sociedad. Incluso los aspectos egoístas: nuestra economía y pirámide demográfica… no es que nos venga bien, ¡es que lo necesitamos!».
Es la historia del ser humano: España ha pasado su historia recibiendo a gente y yéndose a otros lados. Si la gente lo conociera no tendría miedo, sino que lo vería como una oportunidad de mejora y crecimiento. Y como cristianos no seguimos a gente que es de nuestra raza o tradición: seguimos a personas de Oriente Próximo que ahora nos parece muy cercana a nosotros.
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