4 palabras para abrir el Mundo

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Ayer por la mañana (19 de junio) se ha presentado en Madrid la Campaña "4 Palabras Para Abrir el Mundo" de la ONG Entreculturas junto al Servicio Jesuita a Migrantes. La presentación ha coincidido con la víspera del Día Internacional de las Personas Refugiadas (que se celebra anualmente el 20 de junio). Hay 4 palabras que pueden cambiar la vida de los más de 33 millones de niños y niñas refugiados en el mundo que huyen de la guerra, la pobreza o la violencia: ACOGER, PROTEGER, PROMOVER, INTEGRAR.
A finales de 2018 los Estados miembros de las Naciones Unidas están planificando adoptar dos Pactos Globales; uno sobre Migración y otro sobre Refugio. Entreculturas y el Servicio Jesuita a Refugiados quieren que se incluyan estas 4 palabras que propone el Papa Francisco para influir en los gobiernos y en las políticas que permiten y promueven la guerra, la violencia y la desigualdad.
Tal y como explicaba Valeria Méndez de Vigo, Responsable del Departamento de Estudios e Incidencia, “a finales del 2016 ACNUR registró 65,6 millones de personas desplazadas forzosas en el mundo. El desplazamiento forzoso priva a las personas de sus derechos fundamentales, entre otros, del derecho a la educación. Los niños, niñas y jóvenes menores de 18 años son el grupo de edad más afectado por el desplazamiento forzoso, ya que constituyen el 51% de la población refugiada del mundo. Además, la media de años que una persona refugiada o desplazada pasa en esa situación es de diecisiete años. Por tanto, muchas niñas y niños pasan todo su periodo educativo en situación de refugio, ya sea en un campo de refugiados o en asentamientos urbanos”. La infancia y la adolescencia refugiada sufren graves desventajas para acceder a la educación. Sólo un 50% de niñas y niños refugiados asiste a la escuela primaria, frente al 91% del resto de los niños y niñas en el mundo. Sólo el 23% de la adolescencia está escolarizada, frente 84% del resto de adolescentes en el mundo. Solo un 1% de jóvenes refugiados cursa estudios de educación postsecundaria, frente al 36% del resto de jóvenes en el mundo. Las niñas y niños refugiados tienen cinco veces más probabilidades de estar sin escolarizar que los no refugiados.
Durante la rueda de prensa Fadi Daou, director de los proyectos del SJR en Bourj Hammoud, Líbano, explicaba que "de los 550.000 niños y niñas refugiados en #Líbano el 60% no van a la escuela. La mayoría además han vivido experiencias traumáticas de manera que la escuela los abrazan y acoge para ayudar a reconstruir sus vidas". Además ha hecho hincapié en que “la educación es un derecho que no debería interrumpirse durante las crisis humanitarias, ni en situaciones de refugio y desplazamiento forzoso ya que promueve la dignidad humana.
Pero, además, la educación es una intervención que salva vidas”. Efectivamente, una educación de calidad, equitativa, inclusiva, ofrece a la infancia y adolescencia refugiada espacios y escuelas seguras y libres de violencia, en la que los niños, y sobre todo las niñas, se encuentran protegidos de la trata, las adopciones ilegales, los matrimonios precoces, la explotación sexual o el reclutamiento.
Además, la escuela – sobre todo si ofrece el adecuado apoyo psicológico- tiene un componente sanador esencial para niños y niñas procedentes de países en conflicto armado, que les devuelve la estabilidad y la normalidad y que atenúa los traumas derivados del conflicto. Hanna Khoury, refugiado sirio profesor de uno de los colegio del JRS en Líbano y presente en la rueda, comentaba que “lo más importante para las personas refugiadas es sentirse amadas, una mano que se preocupe por ellos y les apoye y ojos para ver que también son seres humanos”. Hanna cuenta que para los niños y las niñas refugiados sirios la escuela es un lugar de protección. "Mi tarea con esos niños y niñas no es solo dar clase, sino que lo más importante es crear un espacio de amor”. Con motivo de esta campaña sus 25 alumnos y alumnas han realizado dibujos que muestran su mundo ideal y que han entregado hoy a los niños y niñas del Colegio Divino Corazón de Madrid. A su vez, Hanna ha recogido dibujos que los niños de Madrid han hecho para sus alumnos sirios. Un intercambio que une a más allá de las fronteras a niños y niñas que piden una cultura de la acogida y la solidaridad.
Pablo Gil Corona, Director pedagógico de Ed. Secundaria Colegio Divino Corazón - el colegio donde se presentó la campaña-comentaba que “compartir la experiencia del intercambio de estos dibujos, el día de hoy así como otra multitud de actividades desarrolladas con Entreculturas como la gestión de la convivencia desde la no violencia, la red solidaria de jóvenes, las asambleas comunitarias, el encuentro global, no solo abren los ojos de estas aulas al mundo sino que traen el mundo a estas aulas”.
Los Pactos Globales: una oportunidad para la educación de la infancia refugiada.
A finales de 2018, los Estados miembros de las Naciones Unidas adoptarán los Pactos Globales sobre migración y refugio. Entreculturas y el Servicio Jesuita a Refugiados consideran que constituyen una excelente oportunidad para que la educación de niñas, niños y jóvenes se ponga en primer término. Asumen los 20 puntos de acción propuestos por el Papa Francisco de cara a los Pactos Globales sobre Migración y Refugio que se resumen en los cuatro verbos de la campaña: acoger, proteger, promover e integrar. Son 4 palabras que pueden abrir el mundo de millones de niños y niñas:
ACOGER, para garantizar vías seguras y evitar que sean retenidos o viajen solos.
PROTEGER, para asegurarnos de que acceden a una educación de calidad y que cuentan con apoyo económico para vivir una vida digna.
PROMOVER, y hacer posible que se reúnan con sus familias, prevenir el abuso o la explotación y fomentar su desarrollo integral a través de la educación.
INTEGRAR, de manera que puedan adquirir la nacionalidad del país de acogida rápidamente. Además, es necesario fomentar una educación que genere una ciudadanía global que apueste por la justicia y la hospitalidad.
Entreculturas y el Servicio Jesuita a Refugiados trabajan acompañando, sirviendo y defendiendo los derechos de los niños y niñas refugiados y desplazados forzosos. Promueven programas de escolarización que protegen a estos menores de la violencia del entorno y les permiten contar con todo lo necesario para poder aprender, devolviendoles la ilusión, la infancia perdida. En situaciones de desplazamiento, la educación constituye un medio indispensable de protección y de proyección de futuro para estos niños y niñas. Entreculturas y el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS), atienden a más de 14.500 niños y niñas refugiados en países como Líbano, Chad, Sudán del Sur o República Centroafricana trabajando por una educación de calidad que abra las puertas de su futuro y les permita seguir jugando y disfrutando de la infancia en su presente.
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